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04 Dic Y ASÍ COMENZÓ TODO…

Lacre, rodaballo y hoja de parra, signos distintivos de Marqués de Vizhoja. 

Corría el año 1968, tiempos en los que el vino albariño aún era comercialmente un gran desconocido. D. Mariano Peláez, fundador de la Bodega llevaba décadas dedicado al mundo del vino, primero, ayudando tras la barra del ultramarinos que su padres regentaban en el marinero barrio de  Bouzas (Vigo), más tarde, y ya regentando la taberna sirviendo sus propios coupages con los que todo Vigo “chiquiteaba”. 

D. Mariano tenía un sueño, quería convertirse en un verdadero profesional del mundo del vino, y quería que el vino gallego, a su vez se, profesionalizara. Su lucha incansable le llevó a cumplir su ambicioso doble objetivo; en 1968 su vino de autor recibió su primer premio, el de la hoja de parra, icono al que debe su nombre en un certamen en el que los vinos convocados pertenecían a casas nobles. D. Mariano quiso que su vino gozase de la misma distinción, y así fue cómo nació su Marqués de Vizhoja, su vino más personal y afamado.

La hoja de parra con las variedades de su composición y la cruz de Santiago, el lacre como símbolo de su originalidad y el rodaballo, reivindicando su idoneidad para acompañar a pescados y mariscos,  son los símbolos que convirtieron en icónica la imagen de este vino.

Vid y hoja, fue la elección del creador, pero quiso el destino que un error de imprenta llevase a que las primeras etiquetas fueran impresas como Vizhoja; término que lejos de disgustarle acabó de otorgarle aún más personalidad y eufonía.

Pero la lucha de D. Mariano no sólo redundó en su éxito personal, también gracias a su defensa de las uvas autóctonas y de la profesionalización de sector contribuyó, conjuntamente con otros 13 primeros profesionales, a la consecución de  la creación del consejo regulador D.O. Rías Baixas.

Así nació y comenzó nuestra historia, hace ya casi cincuenta años.  

 

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